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miércoles, 9 de marzo de 2022

Apple Pie

La vida es un constante movimiento hacia adelante. 

Cambian nuestros pensamientos, nuestra fuerza, la intensidad, los matices, las cosas que hacemos, los miedos, las alegrías, los lugares donde vivimos, la gente que conocemos y los futuros que divisamos. Cambiamos números mientras crecemos y nos adentramos en esferas y patrones rítmicos nuevos con los que adiestrar a nuestro corazón. 

En ese devaneo entre lo incierto y lo deseado, surge nuestro poder para amasar mareas. Debemos ser cautos en el empeño, pero con determinado sigilo, hacemos de un paso una historia monumental que nos lleva con ahinco hacia lo que queremos ser. 

Nuestro avance se gesta como una tarta de manzana. Envuelta entre todo aquello que creemos que nos protege, está la pulpa de nuestra esencia que cuece pausadamente para darnos forma, contenido y sabor. Nos sentiremos crecer en el calor de nuestros anhelos, vivencias, dolores y amores. Poco a poco, nos dejaremos degustar entre murmullos de solidez y nos dejaremos llevar entre pasiones y sueños cumplidos. 

Debemos ser valientes y profundamente deseosos para adentrarnos en mares intensos que navegar con voracidad. Sentir en la carne el agua que se desborda. Dejar que la lluvia nos empape el alma. Amar con el alma lo que no nos dejen las manos. Y sentir tanto placer en el vacío como en la plenitud. 

Seamos voraces con la vida adelante. 

Seamos intensos. 

Seamos felices. 


-

Life is a constant movement forward.

Change our thoughts, our strength, the intensity, the nuances, the things we do, the fears, the joys, the places we live, the people we meet, and the futures we see. We change numbers as we grow and enter into new spheres and rhythmic patterns with which to train our hearts.


In that dalliance between the uncertain and the desired, our power arises to knead tides. We must be cautious in the effort, but with certain stealth, we make a monumental story in one step that leads us with earnestness towards what we want to be.


Our movement is brewing like an apple pie. Wrapped between everything that we believe protects us, is the pulp of our essence that cooks slowly to give us shape, content and flavor. We will feel ourselves growing in the warmth of our desires, experiences, pains and loves. Little by little, we will let ourselves be tasted between murmurs of solidity and we will let ourselves be carried away between passions and fulfilled dreams.


We must be brave and deeply willing to enter intense seas to sail with voracity. Feel in the flesh the water that overflows. Let the rain soak our soul. Love with the soul what our hands do not leave us. And feel as much pleasure in emptiness as in fullness.


Let's be voracious with life ahead.


Let's be intense.


Let's be happy.

miércoles, 9 de julio de 2014

La Palabra Perfecta

En un recóndito recoveco entre  la pasión y el tesoro, amedrentado por estruendos y atenazado por pasarelas, decidí esconderme por un tiempo para curarme gestos y adormecerme fracturas.

Regreso absorto en pensamientos dispares y timoneando en la deriva que propician los tiempos extraños, busco otra vez donde degustar el equilibrio, a la par que me encomiendo a las virtudes conocidas para apaciguar los demonios internos, que se despiertan por las tramas mal orquestadas.

Regreso porque necesito escribir para saber quién soy. Porque necesito que mi cerebro devane palabras y las enmadeje en imágenes y requiebros que no quiero que sean fáciles. Él lo hace así porque es su catarsis, el modo en que licúa sus inquietudes y manifiesta los anhelos de respuesta. El cerebro se desatasca los sótanos y se ofrece la rienda suelta que más le libera. Necesito escribir y escribir así para no estallar en confeti. No me reconozco fácil en estos términos, pero no pretendí serlo. Soy poliédrico como una comisura de labios. Soy raro como un sentido adormecido. Soy una fase lunar en la cara opuesta de la luna. Soy un verbo escrito para no volver. Soy más que ayer y un destello en el mañana.

A veces me dicen que sé usar la palabra perfecta. Que resumo, en casi un solitario término o en una frase extremadamente minimalista, todo un tumulto de sentimientos, de imágenes, de voces, sonrisas, llantos y yemas con exactitud milimétrica y sobresalto en el corazón.

Quizá sea así, pero en múltiples ocasiones me pregunto de qué me sirve.

De qué me sirve esa palabra exacta si la respuesta a obtener en un conjunto vacio. Un silencio acompasado, una nube que pasa, un espacio entre ya y fue. De qué me sirve atender pensamientos, tramitarlos en voces, colorearlos en capas y dulcificarlos entre los dedos. De qué me sirve si después, he de saber que el final de la historia va a ser otro. De qué me sirve anticipar, prender, pedir, proveer, buscar, cocer, palpar, ver, obviar, complicar, dejar, subir, notar, tensar y mostrar, si el susurro que no espero va a estar escrito en la tierra que circunda mis pasos.

La vida ocurre mientras tú te destrozas el paladar. La vida salta y hace piruetas pasando de puntillas por las palmas de tus manos. La vida te regala un terrabastall, como decimos por aquí, y te obliga a reinventar tu vista. La vida te hace pasajes para que siempre los lleves en tu zurrón y te plantea el reto de saber qué más te va a caber en él.

No me reconozco cuando me pierdo. Pero cuando me encuentro, sé que lo que tengo es lo que ofrezco. Que lo que sientes en mi mirada y ves en mi mano es lo que daré a todo aquel que se acerque a conocerme. Alguien me dijo que en la amistad, en el amor, en la paz y en la frontera, iba a ser siempre así, porque no conozco otra manera de ser y dar que ésta que custodio dentro de mi cuerpo.  Y es así.

Mientras las nubes de polvo y suturas se asientan, sitúo mis pies sobre la madre tierra y encorajo mis dedos para que capturen dilemas. Levanto la vista y oteo el espacio en busca de porvenires nuevos entre vapores conocidos. Asimilo que el camino no siempre es el que quiero sino el que me encuentro. Que me alimento de recuerdos y de sueños, de planes por hacer y de otros por contrastar. Que con mis latidos estoy tejiendo algo bonito y que en el placer reside la razón última del despertar.


La palabra perfecta aún no la he dicho.                 

martes, 1 de octubre de 2013

Lo que te sostiene

Todo en la vida cambia y evoluciona. Si ponemos empeño, cambia hacia caminos que podemos desear, planear o prever. Pero también hacia senderos que nos sorprenderán por imprevistos. Nada se está lo suficientemente quieto. 
En ocasiones, nos gustaría que las cosas no se movieran de donde están. Se convirtieran en instantáneas fijas. O quizás, en vídeos reproducidos en bucle. Porque nos sentimos bien viviendo en ellos. No queremos que nada cambie. Son esos momentos que hemos logrado conquistar. 
Pero la vida cambia y las circunstancias más. Y pobres de ellas que no lo hagan. Todo cambia y en la fuerza natural que está en cada uno de nosotros, existe el modo de paliar el daño que nos produce que una circunstancia que no nos gusta se decida a apedrearnos. 
La vida es esto. 
Obviamente, la vida tiene muchas otras cosas que no forman parte del objeto de esta entrada de blog. Pero la vida, innegablemente, es adaptación y superación del cambio. 
Nosotros decidimos cómo tomamos nuestras decisiones, con el mejor conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos. Es así. Somos nuestro dios y nuestro demonio, nuestro fiscal y nuestro defensor, nuestro mayor apoyo y nuestro peor impedimento. 
Pero creo que solos, solos, lo que se dice solos no podemos enfrentarnos a nada nunca. 
Todos tenemos alguien o algo en qué sostenernos. Puede que sea algo pequeño y fugaz, como la sonrisa de tu hijo, la llamada de un hermano, el chiste de un amigo, un whatsapp de grupo, una escapada a la montaña, la sonrisa que te provoca quien sabe provocarte, una caricia de tu pareja. En fin, miles y miles de cosas. Puede ser algo o puede ser la combinación de muchas. 
En mi caso, lo que me sostiene es el amor incondicional  de las personas que me rodean y que me aman sin medida. Y con "sin medida" me refiero a que la única condición que me ponen es que les enseñe quien soy de verdad. 
Así que lo único que puedo hacer y me propongo hacer es devolvérselo con la misma intensidad. Y eso me da la paz. 
Me he convertido en un coleccionista de gestos. De esos gestos con los que eres obsequiado sin pedir nada a cambio. De esos gestos, que te hacen creer que la única maldad humana es la que se ve por el televisor. Gestos de las personas que te ofrecen quienes son para darte cobijo. 
A veces la gente me tiene por una persona fría, callada, reservada, distante, tímida e impasible. Como si viviera escondido en un témpano de hielo. 
Quizá no saben, que tengo una cámara fotográfica por alma y que, por recovecos de mi mente, guardo álbumes enteros de fotos, con momentos e instantes en los que un gesto, por pequeño que sea, me ha llenado el corazón. Y esa alma fotográfica ama con ardor a todos aquellos que me aman. Si llegué a ser un hombre de hielo, hace tiempo que me descongelé.
Los que me quieren es lo más valioso que tengo y es lo que me sostiene. 
Creo que cada uno tiene que encontrar aquello que le mantiene en pie. Cada cual sabrá que es, pero sí creo que en todos los casos se debe cumplir una condición: Lo que te sostiene vive en el presente y es futuro. Nada que haya quedado en el pasado puede sostenerte ya. 
Lo que te sostiene te da la fuerza que necesitas y que, unida a la tuya propia, te impide caer y te hace indestructible. 
Lo que te sostiene te abraza.
Estos  días he recibido muchos abrazos físicos, virtuales, mentales, por mensaje, de voz. A todos los que estáis ahí, que sepáis que estáis en mi álbum de fotos. 
Y he visto abrazos por todas partes, por las calles, pintados, garabateados, en imágenes, en vídeos musicales. 
De éstos últimos me quedo con éste, que expresa perfectamente lo que os quiero transmitir.
Dibujo de Ricardo Siri Liniers



martes, 4 de junio de 2013

Per... fecciones

Depende de cuales sean las circunstancias de tu vida, levantarte por la mañana y planificarte el día puede ser harto complicado. Bueno, quizá complicado no, pero sí absurdamente estéril. Cuando nos planificamos el día, se nos olvida tener en cuenta factores caprichosamente influyentes como el tiempo, las posibilidades, las voluntades de los demás y sobre todo,  las ganas de uno mismo. 
Sentado ante el ordenador me doy cuenta muchas veces que la mañana se destila de manera implacable, que  cabizbaja bucea entre mis anhelos y mis temores y se abalanza sobre mi como un gato furibundo. Son esos días en que los objetivos imaginados se aplanan como el papel y se convierten en objetivos realistas que muchas veces se posponen. Tan claros y lacerantes como una espina de pescado entre los dientes. Se convierten en esas ocasiones en las que pasan las horas y te abruma la amarga sensación que provoca la insatisfacción. 
Hay circunstancias en la vida en que el tiempo es ese laxo capricho que se banaliza y se adormece y que, cuando se despierta sobresaltado, se siente perdido. 
Posponer debería catalogarse como sinónimo de Perder y emparentado con Perfección. Perder y Perfección, que empiezan igual, son palabras parejas que muchas veces caminan cogidas de la mano y se dan el lote cuando nadie las ve, escondidas entre los matorrales de los parques, en las lindes de los bosques o en las riberas de los ríos.
De las peores características que puede tener tu forma de ser es que vayas por ahí siendo un adicto a la perfección, porque entonces te pasas la mitad de tu tiempo perdiendo momentos como resultado de posponerlos. Amar la perfección es un rasgo afín al temor y cuanto más temor se tiene, menos se avanza. 
¿Existe el miedo a la perfección? Sí, pero quizá a pretender que todo lo sea constantemente. El deseo de perfección lleva a la autoexigencia, la autoexigencia al estress, el estress a la ansiedad y la ansiedad al caos. 
Uno tiene que entender que no todo siempre a a salir bien ni a la primera, puede que ni siquiera a la segunda y debemos aceptar que exista una tercera. Uno tiene que entender que el tiempo se va y que las ocasiones   se hacen vaho. 
Aceptar que existe un factor de riesgo que es inherente a la realidad humana, al hecho de hacer y no dejar de hacer. Ese factor de riesgo que no viene por pensar en peligro sino por pensar en arriesgar. 
Muchas veces me encuentro con ideas que volatilizan por mi mente, que anidan y se escapan como pajarillos migratorios. Hay que madurarlas sí, pero no en exceso porque, como las aves, cuando tienen capacidad de volar no vas a poder retenerlas. 
Tengo un tesoro tras la mirada y una duda entre los dedos. La lucha es constante entre el avanzar y el rumiar, entre el buscar el momento y el dejar que el momento se vaya, entre el redirigir las oportunidades hacia nuevos rumbos y el seguir creyendo que por la calle por la que transito llegarán todas. Sin embargo, todo apunta a que el norte ha cambiado de lugar. 
Paladeo este momento de catarsis con regustos de cambio y deseos de nuevas vistas. Creo que llega el momento de ser actor y asumir el riesgo. El momento de mirar hacia el espacio y conquistar galaxias nuevas. De construir mi patrimonio a base de venturas y desaciertos, de travesías y pantanos, de claves de sol y síncopas posibles, de todo lo que llevo dentro y sé que es bueno. 
El único temor es temer a temer. 
Eso y que no confíes en mi.  

viernes, 31 de agosto de 2012

Feliz Año Nuevo

Las lluvias de finales de Agosto, traen los primeros avisos del final del verano. 

Cuando ves llover en Agosto, sabes que queda poco para guardar las cremas, los aftersun, meter los bañadores en la caja donde guardas la ropa de fuera de temporada y hacer esa lavadora exclusiva con las toallas de playa. Desnuda o desnudo, revisas tu moreno frente al espejo del baño antes de la ducha y, con alegría o pesar, compruebas si el objetivo se ha cumplido o no. 

En ese momento, te das cuenta que ha llegado el momento. Ese en el que te desprendes de tu verano y regresas a Tu Resto del año. 

Es una época parecida a fin de año. Nos proponemos retos que estamos seguros que vamos a cumplir y a perpetuar en el tiempo. En algunos casos, el reto está en asegurar que todo continúa como hasta ahora. Que nada se altera y que haremos lo que sea por evitar que una pata de la mesa se nos rompa. En otros, la búsqueda está en hacer que las cosas, las preferencias, los quehaceres, los miedos, los sueños y todo aquello que tengamos danzando dentro de la mente, den la vuelta y se pongan a caminar en el sentido contrario a dónde van y que es a ninguna parte.

En lo que a mi concierne, mi reto mayor está en hacer que Mi nuevo Resto del año sea diferente al de este largo verano. Y que no solo consista en mudar la ropa y cambiar sandalias por zapatos. 

Algo me dice, que se acerca el momento en que las cosas van a empezar a cambiar. 

En todo. 

Evidentemente, el camino puede ser largo. Pero he de concienciarme de que va a ser así. La ilusión es lo último que estoy dispuesto a perder.  

Cuando te encuentras en situaciones en que todo se detiene, te das cuenta que vives rodeado de sueños. De sueños por cumplir y de sueños rotos. Los primeros, si los sabes administrar en el tiempo, probablemente te esbocen horas de incertidumbre y de alegrías. Y poco a poco, irán formando capítulos de tu historia. A los segundos tienes que aprender a sedarlos con rapidez antes de que te partan el alma. Y ya se sabe que no hay nada más difícil de coser que un alma rota. 

Hoy sé que, de nuevo, tengo que emprender caminos solo. Desplegar mis mapas y detallar los senderos a seguir. Hoy sé, que no puedo seguir estando quieto. La calle es un lugar yermo sin el sonido de mis pasos. Las horas parecen botellas vacías. Los días se fotocopian y las noches se ahuyentan unas a otras. Pero todo al final, se va. 

Nuestras vidas son pequeñas ciudades en miniatura. Construimos sus casas y sus calles, urbanizamos terrenos nuevos y nos dotamos de equipamientos que nos hagan nuestra vida más cómoda. De vez en cuando nos cambiamos de gobierno y donde antes nos movíamos para un lado, luego lo hacemos para el otro, pero siempre con un sentimiento de bien común más o menos acertado o equivocado. Si cerramos los ojos y miramos bien, nos veremos a nosotros mismos entrando en esas pequeñas casitas. En unas llevaremos nuestras vidas ordenadas, en otras seremos un jodido desmadre. Pero en todas nos reconoceremos a nosotros y al hacerlo, nos daremos cuenta de cómo queremos vivir y de cómo, de tanto en tanto, necesitamos abrir las puertas de nuestras pequeñas casitas y salir al exterior. 

Hoy sé que hay que salir a encontrar futuros nuevos que se entrelacen con presentes ya existentes. 

Hoy sé que tengo que abrir la puerta y salir de mi pequeña ciudad en miniatura. 

Y creo que Tú, como quiera que te llames, estás destinado a hacer lo mismo. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Aprender

Escribir es como cocinar. El día que te pones y te sale bien, acabas satisfecho con el resultado, disfrutas con lo que has cocinado, te pegas una buena siesta y piensas que tienes que repetirlo. Sin embargo, el común de los días terminas calentando en el microondas, algo rápido y sin complicaciones.
Pensar si tienes algo que decir es más o menos eso. Cuando te pones no sabes muy bien cuál va ser el resultado, pero lo que más te inquieta es preguntarte por qué demonios lo haces. Yo creo que cuando escribes en un espacio como éste, un blog, y no lo haces para explicar tus recetas preferidas o colgar las fotos de tus salidas de fin de semana, por ejemplo, lo haces porque necesitas un espacio de catarsis donde vaciar todo o parte del intrincado fluido que se administra por tus entrañas.
A veces ese fluido te impulsa y otras te oprime.
Necesitas lanzar al aire aquello que te inquieta o que te anima para hacer partícipes a quienes te leen de tu momento vital y pero sobre todo, por la quimera de recibir un eco que te diga “sí, compañero, a mí también me pasa”.
Últimamente, por ejemplo, me he dedicado a recopilar motivos por los que ir aprendiendo un poco cada día sobre lo que es formar parte de la Humanidad. Los resumiría brevemente en los siguientes lemas:
-     El único talento válido en esta vida es la capacidad de amar.
-     Nunca te preocupes por lo que los demás digan o piensen de ti porque no tiene absolutamente nada que ver contigo.
-     Una de las cualidades más bonitas en una persona es que, aunque haga mucho tiempo que no la ves, no te haga reproches.
-     Es imposible que seas como los demás quieren que seas. Dado que solo es posible que seas como honestamente quieres ser tú, te amarán por eso.
-     Abrir puertas hacia los demás es tan sencillo como empezar por un “Hola”.
-     Cuando los deseos o cualidades los convertimos en exigencias irrenunciables, es cuando aparecen los problemas, las tensiones, las lejanías. Y nos olvidamos de lo que verdaderamente importa (Ver punto uno).
-     Pase lo que pase en la vida, mantén siempre tu paz interior.
Pues sí. Los humanos nos pasamos la vida desgastando nuestras energías en querer saber y comprender como nos ven y nos valoran los demás, en reprocharnos salvajemente cosas sin valor, en querer que los demás sean como queremos que sean y nos olvidamos que lo único importante es cómo nos quieren y cómo queremos nosotros.
Me esfuerzo cada día en querer y en valorar con admiración, detalle, deleite y gratitud, las demostraciones que en el mismo sentido hacen las personas con las que comparto momentos que construyen mis sensaciones, sentimientos y recuerdos. Me esfuerzo por abrirme a los demás y por vencer el miedo a nuevos colores. No siempre consigo lo que quiero, no siempre acierto, pero he llegado a ese tipo de conclusión que te lleva a creer en el intentar más que en ganar o perder. Lo mejor que puedo hacer por mi crecimiento es quitarme fronteras y pedirlo todo.
A veces te equivocas. A veces hay cosas que no encajan. A veces parece que estás y no estás. A veces la torpeza te hace de apuntador. A veces fallas. A veces simplemente no tienes lo que los demás demandan.
Pero no hay nada más aburrido que la perfección. Me decepcionaría mucho pensar que existe.
Es como darse por vencido en algo. Me niego  renunciar a algo en lo que crea, sienta, quiera y forme parte de mi existencia. Sólo puedo mejorarla y llevarla hacia delante.
La fortaleza de lo que vives está en lo que lo impulsa.
Punto uno.

martes, 17 de abril de 2012

Empezar de nuevo

John Lennon dijo que "La Vida es aquello que te va sucediendo mientras tu te empeñas en hacer otros planes".
Bingo.
Nunca se sabe qué momentos depara la vida. Ni tan siquiera cómo va a ser el suceder de las horas cuando parece que todo es tan constante como el gorjeo del agua al recorrer el curso de un río. Las cosas pueden llegar a ser efímeras y descoserse como los botones de un pantalón, dejarse espacios y decidirse a delimitar el tiempo entre papeles, cartones y nylon.
Se abren paso las luces atascadas en los rincones del ser y del estar y los silencios se vuelven cobijo del alma. La furia, el llanto, la paz y la esperanza se multiplican, se apelmazan y se cuelan como una piedra en tus zapatos.
En esos momentos, descubres que en el espacio que habitas aún te quedan cuerpos celestes por descubrir, desempolvas tu catalejo y relees las instrucciones para saber cómo enfocar tu soledad hacia los fines de tu propio infinito. Te desesperas y, panzarriba, contemplas tu lluvia gris con paraguas de celulosa. Crees que en cualquier momento tu cielo se abrirá para volcar sobre ti todo aquello que un espejo rechaza. Y poco a poco, te adentrarás en tus propias tundras garabateadas con frases que nunca pensaste e imagenes que nunca creiste llegar a contemplar con ojos que jamás pensaste tener.
Son momentos en los que uno se pierde en el lugar donde siempre se encontró.
Es entonces cuando, con el tiempo, se descubre que poco a poco todo puede volver a empezar.
Y en esos instantes, el poder reside en cada uno de los latidos del corazón, y en la voz que, segura, va zurciendo el alma con el hilo de los gestos que de verdad importan y que dan la valentía para avanzar con mirada segura.
Empezar de nuevo, es sinónimo de esperanza. Es un cuarto abierto al aire, al olor y a la fantasía de lo desconocido.
Empezar de nuevo es reencontrarse a si mismo. Incluso reencontrarse con los demás y redescubrir incluso a aquellos que tienes cerca.
Empezar de nuevo es un hara-kiri emocional tan turbulento como una noche de imsomnio.
Empezar de nuevo es darse un nuevo puñado de oportunidades para encontrar aquello que da el sentido a todo.
Empezar de nuevo lleva el nombre de todo aquello que habita en uno mismo.
Pues empecemos de nuevo.

jueves, 12 de abril de 2012

¿Cómo estás?

Es dificil saber en qué momento estás. Cómo explicas o defines todo eso, esa amalgama de sensaciones, energías, sentimientos y electricidades que te recorren desde los dedos de los pies hasta las puntas de tus cabellos.

Posiblemente la pregunta más dificil de responder de las que te puedes encontrar en la vida es:

- ¿Cómo estás?

Todo el mundo miente.

Se sabe por cómo contestan.

Un "Bien" es siempre la respuesta de aquellos que no quieren dar explicaciones. Pretenden pasar de puntillas por la pregunta, como si eso les permitira deslizarse hacia su propia sombra y evitar mayores indagaciones.
Un "Buff" manifiesta todo lo contrario. Es la onomatopeya que sirve, a quien hizo la pregunta, para saber que el preguntado va a necesitar abrir sus entrañas de par en par. Quien la usa, pretende a su vez ganar tiempo para ordenar sus ideas y sus explicaciones. Cuantos cafés se han enfriado ante conversaciones comenzadas así.
Quien usa el "Voy tirando", significa que está sumido en el caos. Es una mezcla entre el "Bien" y el "Buff". Es un no saber definirse ni explicarse. El que dice esto es que necesita abrirse, decir que siente y que le pasa, pero no está seguro si está ante la persona adecuada como para dar tal paso. Es un oteador desde la atalaya de su consciencia.
Y si alguien responde directamente un evasivo y boomeramico "¿Cómo estás tu?" significa que anda realmente jodido.

En el fondo, todos tememos que nos pregunten como estamos.
Sin embargo, todos queremos que nos pregunten como estamos.

Necesitamos saber que alguien se interesa por nosotros.
Necesitamos sentir que importamos a alguien.
Necesitamos pensar que alguien cree en nosotros.
Necesitamos ver que preocupamos a alguien.

Aunque no nos salga otra cosa que mentirle.

Por cierto... Sí, estoy Bien... Buff, voy tirando... ¿Cómo estás tu?